Defender montañas  2014
 

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 Macizo de Peñalara y laguna de Lavajuelos, Sierra de Guadarrama. Foto: RedMontañas

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El sombrío futuro de los ríos en España

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Hacia la escasez como norma y sus consecuencias sobre la calidad del agua


Por  Rafael Marcé. Investigador Júnior en el Institut Català de Recerca de l’Aigua (ICRA)

 

La tendencia observada durante las últimas décadas de un menor caudal en los ríos españoles es un hecho comprobado de forma independiente en varios estudios recientes. Esto llevó a varios grupos de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), del Instituto Catalán de Investigaciones del Agua (ICRA) y de otras ocho instituciones de investigación españolas a definir el proyecto SCARCE (“Assessing and predicting effects on water quantity and quality in Iberian rivers caused by global change”), que fue financiado por el antiguo Ministerio de Ciencia e Innovación bajo el programa Consolider-Ingenio 2010 para el periodo 2009-2014. El objetivo principal es ir más allá de la mera descripción de las tendencias hidrológicas de descenso de caudales, investigando cómo este descenso ha influido e influirá decisivamente en la calidad del agua de los ríos peninsulares y en la pérdida de los servicios ecosistémicos que éstos nos proporcionan.

 

Que un río en nuestro país este seco no es noticia. Los rigores del clima Mediterráneo nos han acostumbrado a ver desaparecer el caudal de nuestros ríos periódicamente desde tiempos inmemoriales, con lo que no es fácil convencer a nadie de que los menguados caudales que se han venido midiendo en nuestros ríos durante las últimas décadas constituyen ya una anomalía. Pero lo son.

 

No es nada fácil enfrentarse a la tarea de discernir si los caudales de los ríos peninsulares están disminuyendo. Dependiendo en último término de la precipitación, la naturaleza errática e imprevisible de la cantidad de lluvia que recibimos de una año a otro hace que cualquier serie de caudales de un río de nuestro país presente una forma que se asemeja (fatídicamente para el investigador) a una suerte de sierra dentada de forma irregular. La observación a simple vista de alguna tendencia en una gráfica como ésta es todo un reto, y la demostración estadística de que existe un desafío científico considerable. Afortunadamente, en España disponemos de investigadores que decidieron afrontar esta ardua tarea.

 

En un estudio muy reciente, J. Lorenzo-Lacruz y colaboradores del Instituto Pirenaico de Ecología en Zaragoza demostraron que cerca de un 80% de los cursos de agua en la Península Ibérica llevan décadas disminuyendo de caudal. Esto es especialmente cierto durante el invierno y la primavera, y muy acusado en los ríos del Sur de la Península. La magnitud de estos descensos es variable: en la mitad Norte de la Península se dan descensos que no llegan al 1% del caudal anual, mientras que las zonas centro y Sur sufren descensos entre el 1 y el 3% anual. Hay cuencas, como la del Segura, que muestran descensos por encima de ese 3% anual. Estos datos coinciden con estudios realizados por nuestro equipo en las cuencas del Llobregat y del Ter, en Cataluña. En el caso del Río Ter, principal afluente al embalse de Sau, se ha medido una reducción de caudales de hasta el 44% desde 1964, lo que no es más que el resultado de un descenso de cerca del 1% anual sostenido durante cinco décadas. En términos prácticos, esto quiere decir que mientras que en los 60 el embalse de Sau podía llenarse unas 4 veces al año con el agua proveniente del Ter, actualmente apenas se puede llenar el embalse dos veces al año.

 

Las causas de estos descensos son diversas: por un lado tenemos las tendencias climáticas en la cantidad de precipitación, pero sobre todo el aumento sostenido de la temperatura del aire. En algunas cuencas de la Península se ha detectado un incremento de hasta 1.5 ºC desde la década de los 60, lo que tiene consecuencias de enorme relevancia en la cantidad de agua que transpiran las masas boscosas, impidiendo así que esa agua llegue a los cauces. Otra de las causas, directamente relacionadas con lo anterior, es el aumento de la masa forestal que se ha dado en la Península durante gran parte del pasado siglo. A más masa forestal, más transpiración, y menos agua disponible para los cauces. Finalmente, el uso de agua para soportar grandes extensiones de regadío también afecta de forma profunda el balance hidrológico de la cuenca y hace disminuir los caudales.

 

La importancia relativa de cada uno de estos procesos en la disminución de los caudales en los ríos depende del caso que se esté considerando. Por ejemplo, el equipo de Francesc Gallart en el Institut Jaume Almera de Barcelona ha demostrado que el caudal en la parte baja del río Ebro disminuyó un 45% entre los años 1940 y 1997. De este descenso, un 11% correspondería al consumo por riego en la cuenca, un 17% al descenso de precipitaciones, y el 17% restante al incremento de masa forestal en las partes altas de la cuenca. En cambio, estudios realizados por nuestro equipo de investigación en el río Ter asignan el descenso de un 44% del caudal desde 1964 principalmente al cambio climático, un 35%, mientras que el restante 9% se asocia al incremento de la masa forestal en las cabeceras de la cuenca. Hemos obtenido resultados muy similares para la cuenca del Llobregat trabajando en colaboración con el equipo del Dr. Gallart.

 

Esta dependencia del descenso de caudales en múltiples factores obliga a una serie de reflexiones: para afrontar este problema es necesario tener en cuenta no sólo las variaciones climáticas, sino los usos agrícolas y forestales que pueden afectar el balance de agua en una cuenca. Esto está de alguna forma en contradicción con los planteamientos sectoriales que normalmente rigen los planes de desarrollo regionales, nacionales o europeos. Necesitamos, y de forma urgente, herramientas que nos permitan abordar los planes de desarrollo sectoriales desde una perspectiva más transversal, incluyendo en los análisis los posibles impactos que una decisión tomada bajo la óptica de un sector tiene en las actividades del resto de sectores involucrados. Un buen ejemplo sería la aplicación de las políticas agrarias comunes y los conflictos que se derivan con la Directiva Marco del Agua. Los conflictos de interés serán más frecuentes y enconados en un futuro donde la escasez será la norma, así que la toma de decisiones considerando de forma integral todos los impactos sobre los servicios ecosistémicos que los ríos nos ofrecen es la mejor alternativa para encontrar consensos. La Unión Europea ya está financiando investigaciones para definir herramientas adecuadas para facilitar este tipo de decisiones.

 

El uso de agua en grandes extensiones de regadío afecta de forma profunda el balance hidrológico de la cuenca

Sin embargo, la futura escasez es sólo una cara de la moneda. El impacto crónico que nuestros ríos sufren debido a la presión cada vez mayor de las actividades humanas (efluentes de depuradoras más o menos eficientes, polución difusa desde la agricultura, degradación del hábitat y pérdida de la funcionalidad ecológica, etc.) se verá acrecentado con unas aportaciones naturales de agua menguadas, lo que disminuirá la capacidad de dilución de los aportes humanos. Por ejemplo, un trabajo realizado en coordinación entre ICRA y la Universidad de Barcelona ha descrito cómo el descenso de caudales en el Ter no sólo tiene consecuencias en la cantidad de agua, sino que también afecta profundamente a la calidad del recurso que suministra el embalse de Sau para abastecimiento.

 

La detección de este tipo de impactos en los ríos y su concreción en un futuro próximo es uno de los objetivos más ambiciosos del proyecto SCARCE, que se desarrolla en las cuencas del Guadalquivir, Júcar, Ebro y Llobregat. Después de dos años de trabajo, ya se dispone de mucha información sobre qué tipo de contaminantes e impactos morfológicos son más frecuentes en nuestros ríos, y sobre cómo esto afecta a las comunidades biológicas, su funcionalidad, y los servicios ecosistémicos que dependen de ello. Ahora, el proyecto aborda la ingente tarea de construir modelos conceptuales y matemáticos para predecir cómo la calidad del agua y los servicios ecosistémicos que dependen de ella se verán afectados por la futura escasez, con el ánimo de informar a los organismos competentes en la gestión del agua en nuestro país. Esperamos contribuir con un caudal de buena ciencia a afrontar el problema de la futura escasez. Nuestros ríos y todas las actividades que dependen de su buen estado seguro lo agradecerán.  

  

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