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Vistas de Susín al atardecer. Serrablo, Pirineo altoaragonés. Foto: RedMontañas

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Las verdades que Copenhague ha ignorado

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Fuente: Johann Hari  The Independent.- Sábado 19 diciembre 2009.

 Traducido por RedMontañas


Los políticos han elegido bajos impuestos y dinero del petróleo para hoy, en lugar de supervivencia para el mañana

 

 No “cerraron el acuerdo”: cerraron el ataúd para los países-isla, para los glaciares y para el Polo Norte de nuestro planeta. 


Los peores contaminadores del mundo, es decir, los países que están alterando drásticamente el clima, se reunieron en Copenhague para anunciar que van a continuar haciendo lo mismo, desafiando así todas las advertencias de los científicos.


Los que hemos presenciado esta conferencia con los ojos bien abiertos no estamos sorprendidos del resultado: cada día, los científicos, los países en desarrollo y los manifestantes han estado ofreciendo soluciones prácticas e inteligentes que hubieran servido para recortar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Y estas soluciones han sido vetadas sistemáticamente por los gobiernos de Norteamérica y Europa. Merece la pena revisar algunas de esas ideas que se han desestimado con tanta ligereza… porque cuando el mundo decida finalmente buscar una solución real, habrá que recuperarlas.


Idea Descartada número 1: un Tribunal Ambiental Internacional. Todos los recortes que los líderes dicen que intentarán acometer después de Copenhague serán puramente voluntarios. Si un gobierno decide no seguirlo, no sucederá nada, excepto algo de vergüenza, y más calentamiento de desastrosas consecuencias. En Kyoto, Canadá se comprometió a un recorte de emisiones y sin embargo las incrementó en un 26 por ciento, y no hubo consecuencia alguna. Copenhague puede dar rienda suelta a un centenar de Canadás.


Los valerosos y elocuentes delegados de Bolivia –que están viendo cómo sus glaciares se derriten a una velocidad terrorífica- objetaron que, para que los países tomen en serio la reducción de emisiones, es necesario que exista un Tribunal Ambiental Internacional que controle estos recortes y que tenga autoridad para multar a quienes los incumplan. Esto es perfectamente factible y se trata de un mecanismo que ya existe para asuntos que realmente preocupan, como el comercio. La OMC multa y sanciona con severidad a los países que, por ejemplo, no cumplen la estricta normativa sobre los copyright. ¿Acaso un clima seguro es menos importante que una marca registrada?


Idea Descartada número 2: Dejar los combustibles fósiles donde están, es decir, en el subsuelo. Durante las reuniones, tanto Nnimmo Bassey, el nuevo presidente de Amigos de la Tierra, como el escritor y conservacionista George Monbiot, señalaron la extraordinaria hipocresía de que hacen gala los gobiernos cuando afirman querer recortar drásticamente el uso de combustibles fósiles, y al mismo tiempo continúan extrayendo todo el combustible fósil que consiguen hallar y buscando nuevos yacimientos. Es como si enarbolaran un extintor en una mano y un lanzallamas en la otra.


Un estudio publicado recientemente en Nature ha indicado que, para evitar un calentamiento catastrófico, es imprescindible no utilizar más del 60 por ciento de todo el petróleo, carbón y gas que hasta ahora hemos descubierto. En consecuencia, el primer paso para un acuerdo racional sobre el clima debiera ser una moratoria inmediata para las nuevas prospecciones de combustibles fósiles, y una planificación honesta acerca de  qué parte del stock existente debe permanecer sin utilizar. Pero esta opción ni siquiera fue discutida por los líderes mundiales.

Idea Descartada número 3: la Deuda Climática. El mundo rico ha sido responsable del 70 por ciento de los GEI que existen en la atmósfera, y sin embargo el 70 por ciento de los efectos se están acusando en los países en desarrollo. Holanda puede construir diques gigantescos para impedir la inundación de sus territorios; Bangladesh no puede hacer más que ahogarse. Se trata de una cruel relación inversa entre causa y efecto, en la que el que contamina no paga.


Así pues, hemos acumulado una deuda climática. Nosotros la hemos causado; ellos pagan. En esta cumbre, y por primera vez, los países pobres se alzaron indignados. El líder de los negociadores señaló que la compensación que se les ofrece “ni siquiera pagará los ataúdes”.


En estos momentos en que se trata de repartir los derechos para emitir los pocos GEI que la atmósfera puede absorber, es necesario comprender que los países ricos estamos en números rojos. Hemos utilizado todo nuestro cupo de GEI y lo hemos sobrepasado. Sin embargo, tanto los EEUU como la UE han descartado la idea de una deuda climática. ¿Cómo vamos a conseguir un acuerdo duradero y aceptado por todos los países si ignoramos este principio básico de justicia? ¿Porqué van a contenerse los países pobres si los ricos no lo hacen?


Lo cierto es que un acuerdo basado en todas estas ideas contribuiría a enfriar la atmósfera. Las alternativas elegidas en Copenhague por los países ricos –compensación de carbono, comercio de emisiones y captura de carbono- no lo conseguirán. Son como un placebo global. Los críticos que dicen que las verdaderas soluciones son “poco realistas”, no parecen comprender que su alternativa es todavía menos plausible: querer mantener despreocupadamente un estilo de civilización en un planeta cuyos procesos naturales están fallando rápidamente.


A lo largo de las negociaciones de estos días, los estados-isla del mundo se han agarrado a estas ideas reales como a una balsa salvavidas, porque constituyen la única vía para salvar a sus países del mar que crece sin cesar. Ha sido una experiencia extraordinaria contemplar a sus representantes –personas silenciosas, sombrías y de ojos tristes- obligados a defender su propia existencia. Lo probaron todo: la persuasión, la ciencia pura y dura y los hermosos cantos de amor a su tierra: todos sus argumentos fueron ignorados.


Estas ideas descartadas, y docenas de otras ideas similares, demuestran una vez más que el calentamiento global de origen antrópico puede detenerse. Las directrices intelectuales para lograrlo existen, del mismo modo que existen los correspondientes planes tecnológicos. Sin duda requeriría sacrificios, sí, pero considerablemente menores que los que asumieron nuestros abuelos en su lucha más dura.


Tendríamos que pagar impuestos más altos y volar menos para dar el paso hacia un mundo impulsado por energías renovables, pero aún así podríamos llevar una vida de abundancia, en la que seríamos libres y estaríamos calientes y bien alimentados. Los únicos que de verdad saldrían perdiendo serían los grandes negocios del combustible fósil y las dictaduras del petróleo.
Pero nuestros políticos no han elegido esta ruta razonable. No: han elegido inercia, bajos impuestos y dinero del petróleo para hoy, en lugar de supervivencia para el mañana. El verdadero rostro de nuestro sistema actual (y el verdadero rostro de Copenhague) se vislumbra en esa indiferencia con la que las ideas salvadoras han ido a parar a la papelera.

 

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