Puerto de Navacerrada: "Perseguido por una pisanieves"
Sábado, 30 Enero 2010

 

Guadarrama: la “Bola del Mundo”, ¿propiedad privada?


A Alfredo Pérez, aficionado al esquí de travesía, le prohibieron descender esquiando por la zona de las Guarramillas, Alfredo nos cuenta cómo fue perseguido por una máquina pisa-nieves.

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El domingo día 10 de enero de 2010 me ocurrió algo tan insólito que me cuesta creer que haya ocurrido realmente. Preparé una excursión al puerto de Navacerrada para hacer una travesía con esquís: subida a la Bola del Mundo por el Pluviómetro y descenso al puerto por la ladera oeste de Guarramillas.

Iba solo y mientras comenzaba la ascensión pensaba que la subida con tablas requería un serio esfuerzo, pero ¡Qué gratificante resulta el poder ascender por mis propios medios y coronar con éxito el proyecto! ¡Qué maravilla disfrutar de esta mañana despejada y qué sensación de libertad ofrece este deporte!

Por fin llego a la Bola del Mundo y contemplo los 360º de panorámica que se extiende a mi alrededor: la meseta castellana, la ciudad de Segovia, el pico de Peñalara, el valle de Rascafría, la Pedriza, Manzanares el Real, Cercedilla, Madrid... Observo a mucha gente haciendo la misma actividad que yo.

Algunos caminando con raquetas y otros a pie. ¡Qué suerte tener tan cerca de Madrid este espacio para disfrutar de la naturaleza! Al fin preparo los esquís para el descenso y enfilo hacia Guarramillas. Cuando voy a salir a la vertiente que baja directamente al puerto de Navacerrada, aparece una enorme máquina pisa-nieves que tapona el paso natural de la salida a la pista de esquí.

Intento pasar por un lateral entre la enorme oruga y la cabina del telesilla, pero aparece el maquinista diciéndome que por ahí no podía bajar, que tenía que dar la vuelta. No entendía el motivo y me preguntaba que quién era aquel señor para impedirme el paso. Como el maquinista, entretanto, se había alejado de la máquina, decidí hacer caso omiso de su prohibición y me puse a bajar esquiando tranquilamente.

Cuando había recorrido la mitad de la pista, me quedé perplejo al ver que la pisa-nieves me estaba alcanzado a toda velocidad. Me paré a la derecha quedándome anonadado. La máquina pegó un derrape a lo James Bond para colocarse delante e impedirme el paso. Se baja el maquinista y me empieza a increpar con estas palabras: “Estoy hasta los co... de los montañeros, que no me hacen caso, que son todos unos hijos de pu... Que yo estoy pagando tropecientos mil euros a la Comunidad de Madrid y a la Junta de Castilla y León por estos terrenos y por tanto me pertenecen para la explotación de estas pistas”.

Entre otros improperios, me vino a decir que allí sólo podían pasar los que él considerase. Lo vi tan alterado que no me atreví a contestarle y solamente me limité a decirle que es la primera vez que me prohiben bajar esquiando por una pista de esquí y conozco muchas estaciones en España y fuera de España. Después de aguantarle un buen rato se dio media vuelta y volvió a subir con su máquina. Mientras esto ocurría, paradójicamente, no dejaban de bajar otros esquiadores de montaña.

Esta historia surrealista de verme perseguido por una apisonadora de nieve no dejaría de ser anecdótica si no fuera porque atenta contra uno de los pilares fundamentales del ser humano que es la libertad y no podemos permitir que empresas o individuos, con la disculpa de desarrollar un complejo deportivo, limiten el paso de una zona natural. Es como si en medio de una playa cortasen el paso, para una explotación de recreo deportivo, teniendo que pagar para poder entrar. Cuando antiguamente existía la estación de esquí en la parte de Guarramillas, nunca hubo problemas entre las diferentes actividades que se practicaban, ni prohibiciones de cruzar. ¿Por qué ahora sí? ¿Cómo es posible que actualmente se haya permitido seccionar una parte de la montaña sin posibilidades de paso?

Y si la empresa que explota esta estación de esquí tiene la facultad de tomar la montaña como si fuera suya, pisoteando los derechos de los ciudadanos, será porque alguien les ha permitido este atropello. Lo cual me hace sospechar que nuestros políticos, una vez más, se han equivocado.

Yo pediría a nuestros responsables políticos, que al igual que en todas las estaciones de esquí del mundo conviven en armonía diferentes modalidades deportivas al aire libre, se permita también que en Navacerrada suceda lo mismo, como siempre ha sido históricamente. Y si no se pueden mezclar dichas actividades, es mejor que se suspenda la estación, porque de lo contrario va a ser una guerra abierta y permanente.

Estoy seguro, que ningún ciudadano amante de los deportes de invierno va a consentir que este atropello continúe.

Alfredo Pérez Hernando 

 


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