|
Los Paisajes de los Geógrafos. Eduardo Martínez de Pisón, Catedrático de Geografía Física en UAM
El paisaje entendido y propuesto por la geografía es una contribución conceptual y metodológica en los campos de la ciencia y la cultura, con contenidos propios, que aporta una imagen original de la Tierra. Lo manifiestan así sus logros en los fundamentos integradores de los componentes del paisaje. Tal vez ocurra, como aseguraba Bertrand Russell respecto a la filosofía, que no sea posible encontrar dos geógrafos que den la misma respuesta si se les pregunta qué es la geografía. Pero siempre un poco de duda ayuda al entrenamiento mental. Quizá el asunto propio de la geografía sea comprender el mundo y ayudar a dar pautas sensatas para cambiarlo.
Sobre el trasfondo móvil de las texturas y los rasgos externos de la Tierra, hacemos su lectura estableciendo los procesos y los estados, los caracteres, disposiciones y contenidos de esos rostros cambiantes, que hemos convenido en llamar paisajes. El “paisaje” conceptual requiere y agrega su materialidad geográfica, su recepción sensible, su estudio integrado y su cultura otorgada. Es la suma de un todo geográfico y otro todo interpretativo. Además, está la experiencia del paisaje, la directa del que lo vive. Si se logra una experiencia multilateral, ésta requiere una dimensión cultural para completarse.
A veces tal dimensión conduce la sensibilidad, por lo que no podemos referirnos a la experiencia sensible como espontánea o primaria, aunque parezca originaria o a la que se superponen las demás. Esta capacidad de lectura abre áreas que, si no, son invisibles. Arroja luz y opera en la sensibilidad del observador. El paisaje formal, el que está ahí afuera, está filtrado por niveles de conocimiento, de cultura, de sensibilidad y por categorías morales de relación con nuestros escenarios. La mirada del hombre puede volver paisaje lo que naturalmente o artificialmente era sólo territorio. Esa mirada reorganiza el espacio desde el conocimiento de lo configurado y establece con él una relación cultural. Y esto debería ser casi inevitable, porque el filtro y el otorgamiento culturales son algunos de los modos esenciales para el hombre de ser hombre en su relación con lo demás y consigo mismo. El “paisaje” es, pues, un territorio interpretado culturalmente.
El paisaje es una interpretación del territorio. Está en el diálogo que corresponde a nuestro puesto en el paisaje y es indisociable del vivir. Cada acto vital en el paisaje recibe parte de éste y lo crea, lo idea, lo hace sentimiento, lo incorpora a la vida, a la memoria o al olvido. Es decir, el paisaje habita en el núcleo de la experiencia personal. La cultura hace posible el recuerdo, la ordenación y la proyección de la experiencia. Es un gran almacén de símbolos, significados y categorías que se integran formando patrones de comportamiento. Las aptitudes e interpretaciones sensoriales están mediatizadas por la cultura. Los tratadistas de las sensaciones han concebido el acto cerebral como un concierto en el que radican analogías y confluencias, y donde se produce una derivación desde una impresión sensitiva a una impresión intelectual y moral. Pero además estos traspasos son la señal de la globalidad del paisaje. Del carácter que le es más propio: la integración.
Un paisaje se reconoce a sí mismo en sus espejos de papel. El paisaje escucha al escritor. Sin embargo, en una consideración geográfica hay lugares, anteriores, ajenos o posteriores al hombre, cuya configuración terrestre da lugar a un paisaje formal y natural. No es que lo sea o no en sí, es que lo considero así. Mi mirada acaso lo descubre como tal, no lo inventa. Para mi mirada educada en la geografía, la naturaleza es un concierto que ha sonado durante milenios sin público y que aún ahora tiene muy escasos oyentes apropiados, es decir, expertos, silenciosos y atentos –que es como realmente se escuchan las armonías-. La idea de paisaje geográfico pide o supone un orden en el mundo que es posible identificar y mostrar con el método adecuado. En concreto, el paisaje llamado geográfico es una realidad integradora a la que se debe entender con un concepto igualmente integrador.
Bibliografía básica: Martínez de Pisón, E. (2002): “Reflexiones sobre el paisaje”. En Ortega, N. (ed.): Estudios sobre historia el paisaje español. Madrid, Catarata, p 13-24. Ortega, N. (2006): “Ver, pensar, sentir el paisaje”, en Vv. Aa.: Imágenes del paisaje, FDS-UAM, p. 9-47. Russell, B. (1962): Ma conception du monde. Paris, Gallimard. Sorre, M. (1961): L’homme sur la Terre. Paris, Hachette.
Lee el artículo completo publicado en: Geographicalia, 55, 2009, p. 5-25
Eduardo Martínez de Pisón es Catedrático de Geografía Física en UAM y autor de unas 400 publicaciones que enfocan principalmente el estudio de paisajes naturales de cordilleras y particularmente de sus glaciares. Entre 1991-1995 presidió el Comité Español del Scientific Committee on Antarctic Research y es corresponsal para España del World Glacier Monitoring System.
|