Calentamiento global y olas de frío
Martes, 20 Enero 2009

 

Autor: Raúl Martín, Integrante de RedMontañas y alpinista, es Doctor en Geografía, profesor del Departamento de Ciencias de la Universidad de Saint Louis, y especialista en el estudio de los medios glaciares y árticos y su respuesta al actual cambio climático.

 

¿Las recientes “olas de frío” en España son normales en estas épocas del año?
Las olas de frío en España son un fenómeno normal y lógico durante la época invernal. A lo largo de la estación fría, lo habitual es que la Península Ibérica se vea afectada por invasiones de aire polar, esto es, masas de aire frío de procedencia NW, N o NE, una o varias veces al año. Hasta aquí todo normal.

Ahora bien, cada cierto tiempo, las olas de frío son singularmente intensas, y vienen acompañadas de nevadas relevantes y temperaturas excepcionalmente bajas, incluso para esta época del año. Por ejemplo, son destacables las olas de frío de origen siberiano que azotaron España, y particularmente la zona norte, durante la década de los 50 (cuando se registraron algunas de las temperaturas medias mensuales más bajas y se produjeron grandísimas nevadas), principios de los años 60 y 70, así como de forma aislada en los años 1983 y 1985.

Sin embargo, es un hecho constatado que estas invasiones de aire frío son cada vez más escasas y espaciadas en el tiempo, máxime durante los últimos 30 años, convirtiéndose en fenómenos más extraordinarios, tal y como ha sucedido con las recientes olas de frío que hemos sufrido. Esta menor frecuencia e intensidad en las olas de frío sobre la Península Ibérica se relacionaría con el actual calentamiento global que está sufriendo el planeta.

¿Cómo puede hacer tanto frío si hay cambio climático?
Ciertamente, es por tanto contradictorio, sino irónico, que pese al calentamiento global en que parece nos hayamos inmersos, se produzcan heladas y nevadas muy intensas en nuestro territorio.

Esto se explica por la diferencia fundamental entre tiempo meteorológico y clima. Muy frecuentemente, se tiende a confundir estos dos términos de significado bien distinto: por “tiempo” se alude a la actividad atmosférica durante uno o varios días, mientras que por “clima” se entiende el conjunto de condiciones atmosféricas medias durante un largo periodo en una determinada región.

De una forma práctica: aún en periodos de condiciones climáticas frías, como por ejemplo la que sufrió Europa durante la “Pequeña Edad del Hielo”, hace apenas 200 años, habría días de verano con tiempo caluroso, pese a que la media de aquel momento se caracterizase por lo todo lo contrario. Así mismo, en periodos cálidos, como el que caracteriza los últimos 30 años, la variabilidad atmosférica puede ser acusada, y presentar situaciones frías e incluso muy frías, pero que dentro de la tendencia de calentamiento climático que caracteriza la últimas décadas, no significan más que fenómenos casi anecdóticos, que no influyen en la media y medida del clima de los últimos 30, 40 o 50 años. Así, aunque parece que este invierno está siendo muy frío, el computo climático global, para todo el planeta, del año 2008 lo coloca entre los 10 más cálidos desde que se tienen registros (si bien más fresco que el anterior, 2007).

Por tanto, cuando hablemos de calentamiento global y cambio climático, es necesario centrarse siempre en la media prolongada de las temperaturas y precipitaciones, y no en los datos de uno o varios días. A nadie se le ocurriría hablar de cambio climático, a la diferencia entre un día de invierno templado y soleado en que la temperatura llega a 15ºC, de otro con heladas en el que escasamente se atisba el sol, apenas 72 horas más tarde.

¿Es cierto que el cambio climático puede generar más frío en determinadas circunstancias? ¿Cómo?
Ciertos científicos estiman que el presente calentamiento global se caracterizará por un aumento de las temperaturas, sobre el cual ya hay consenso, pero además por fenómenos extremos, como inundaciones (las cuales, dicho sea de paso, suelen estar también relacionadas directamente con los usos del suelo y la deforestación), olas de calor (como las que sufrió Europa en 2003) y, en menor medida, olas de frío (frecuentes en los últimos años en Norteamérica, Europa este presente invierno, e incluso la India, como se vio en el pasado año 2008 y con anterioridad en 2003). No obstante, no existen evidencias científicas claras que apoyen esta hipótesis, principalmente en lo que se refiere a las invasiones de aire frío en Europa.

Sí parece lógico, no obstante, en pensar que debido a la desaparición del hielo ártico se puedan producir variaciones significativas en las corrientes oceánicas, principalmente en el Hemisferio Norte. Así es, una reciente publicación en la prestigiosa revista Nature, estima que debido a un debilitamiento de la Corriente del Golfo (que baña toda la fachada atlántica europea, y que es responsable de que disfrutemos de temperaturas mucho más cálidas de las que deberíamos tener a estas latitudes), la tendencia de calentamiento se podría reducir en Europa durante las próximas décadas pese al evidente calentamiento del planeta.

En cualquier caso, los factores que controlan el clima, y más aún cuando hablamos a escala global, son tantos, que se debe ser muy cuidadoso y huir de titulares sensacionalistas a la hora de hacer predicciones sobre el futuro. Una cosa parece clara: aunque se desconoce en qué medida, la inmensa mayoría de los científicos relacionan en parte el calentamiento global con la acción humana, por lo que mejor aún que intentar hacer cábalas sobre el mañana, quizá sea más idóneo resolver el presente, y mitigar aquellos factores responsables en gran medida de la actual situación climática, lo que pasa fundamentalmente por un uso racional de la energía y de los recursos que disponemos.

 


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